El Lenguaje de la integración

Compartimos con ustedes esta entrevista que integra la última edición de la revista D&D, que está en los kisocos.

Entrevista: Sol Dellepiane A.
Retrato: Emma Livingston / Fotos: gentileza A. T.

Ana Torrejón es un valioso exponente de mujer de esta era. Con un nombre absolutamente reconocido en el periodismo, hoy imprime su estilo a una revista de moda con 150 años de historia. Además actúa en el mundo del arte desde una galería co-fundada con su amigo Horacio Dabbah. Además es madre. Además está sumamente comprometida con la realidad, con los otros, con el planeta. Ana es segura pero nunca arrogante; tiene un estilo exquisito pero cultiva el espeto por los gustos alternativos al suyo; trabaja con gente y ama hacerlo pero, como del aire para respirar, necesita del silencio para ser. Todas esas Anas –la editora, la esteta, la galerista, la mamá, la ciudadana– están invitadas a aparecer en esta charla con D&D que, por razones obvias, hace foco en el diseño. Sin embargo la que aparece es una Ana-única, más integrada que multifacética, tan seria como encantadora, una Ana que diseña su propia vida con una felicísima mezcla de constancia, talento, reflexión y sensibilidad.

SD. Cómo caracterizaría tu relación personal con el diseño, por supuesto el de indumentaria pero también el diseño industrial, interior y demás? Podés contarnos sobre estilos que te atraen, objetos y espacios de los que elegís rodearte?
AT. Desde que tengo uso de razón me descubro a mí misma haciendo elecciones que tienen que ver con las formas, los colores, las texturas, los olores, y creo que eso surgió todo a la vez. Mis aprendizajes intelectuales tuvieron que ver con el desarrollo de ciertos aprendizajes sensibles o emocionales. Me descubro de muy chiquita eligiendo: qué color de zapatos, qué tipo de sábanas, cuál era el paisaje que más me gustaba mirar, cómo disponer de mis cosas y de mis libros, dónde tener mis objetos secretos. Es algo indisociable en mi vida. Después, con el tiempo, uno se va profesionalizando a partir de lo que son los registros visuales y me doy cuenta que ese es el lenguaje que yo elegí para entender la realidad. Mis elecciones no son forzadas, son muy naturales. Yo tengo una especie de intuición acerca de la forma que me está faltando en un espacio. Como soy metodológica, intento intelectualizar esas decisiones y puedo encontrar ciertas respuestas. Esa es mi sensación. Todo esto fue un contexto para escribir el texto de mi vida, que es lo que elegí hacer en función de lo que percibí que era necesario para mí y para los demás. No hago diferenciaciones entre si el diseño es de indumentaria o interior o de un jardín o un paisaje. Sí hay categorías que me interesan más, y que se corresponden con una filosofía personal.
SD. ¿Por ejemplo?
AT. Mirá, voy a ser reiterativa en esto. Yo nací en la Patagonia y siempre digo que el que es de la meseta tiene una cierta tendencia metafísica. Yo soy de Puerto Madryn. Esa meseta, en su sentido más depurado, a mí me resulta fascinante: es plana, es radical, el objeto obtiene una tremenda trascendencia. El pensamiento es casi una oración, y retumba mucho. Esa misma frecuencia, la tiene la elección de las palabras. Uno se enamora de las palabras porque la contaminación auditiva es muy escasa, entonces hay palabras y voces muy evocadoras, hay otras ante las que uno reacciona poniéndose en guardia… Creo que esa es la identidad de uno. Aunque no viva en la Patagonia, aunque me haya ido pequeña, vuelvo todos los años porque yo en la Patagonia ordeno mis pensamientos y limpio la mirada.
SD. Más allá de esta identidad casi geográfica, debe haber una sensibilidad propia tuya hacia lo estético y también hacia las palabras.
AT. Yo aprendí a hablar muy pronto, aprendí a leer sin que lo supiesen en mi casa, he sido lectora voraz porque no tenía tele, porque vivía en un lugar muy solitario, y muy pronto me gustó escribir. Fue un canal para comunicarme. Siempre escribí, tengo mis cuadernos de cuando era chica y mis textos han tenido siempre muchas imágenes visuales. Diría, son muy pictóricos. De modo que cuido mucho las imágenes y las impresiones que yo tengo. Por eso necesito el de-tox, porque son muy profundas, muy poco banales.
SD. Y porque además imagino que tenés un caudal de estímulo que vuelve imprescindible el de-tox. Es mucho lo que recibís y no todo debe tener la misma profundidad de contenido.
AT. Pero yo todo el tiempo voy haciendo filtro. Aunque te parezca mentira, soy una persona muy solitaria, y eso fortalece los pensamientos que uno tiene acerca de las cosas. A las imágenes, a las convalidaciones, hay que sostenerlas. Nunca es un ejercicio caprichoso de me gusta / no me gusta. Para precisarte qué tipo de diseño o cuestiones me interesan, yo elijo lo que sé que más allá de mi elección, va a tener una vida posterior. Y no tengo un sentido de pertenencia muy profundo con los objetos. Ando con muy poco equipaje por la vida, tengo pocos muebles, poca ropa, pocos zapatos. Pero elijo con esa convicción: que el objeto tenga una impronta, un rasgo de nobleza, que sus líneas sean depuradas. Yo puedo vivir bien en un mundo de mucho estímulo, siendo tremendamente austera. Eso también es un carácter patagónico. Mi hermana Cecilia dice que no es ningún mérito, que es mi naturaleza. Yo puedo estar en un festival de colores, de texturas, de formas, y hacer mi elección de lo que me gusta. En general lo que elijo, me dura mucho. Cuando yo era bastante chica, tenía 18 años, mi abuelo me regalaba dinero. Y mi tía Eugenia, que estaba muy vinculada con las artes, me decía Comprate una obra de arte o un mueble bonito, porque cuando él no esté, lo vas a recordar. Así me compré mis primeros dos Pryor, me compré mi primer Le Corbusier de cuero negro, me compré mi primera BKF, que quizás era lo único que tenía en mi casa y hoy me sigue acompañando. Como me dijo una vez un amigo artista plástico, todas mis casas se parecen. Y además siempre hay alguna moldurita. Se parecen porque son mis elecciones, y yo busco ese contexto donde puedo tener pocas cosas que me dan mucho gusto, y elijo ciertos edificios que me hacen acordar al principio de la historia de mi familia en Argentina, que es reciente, desde 1900 hasta más o menos 1940. En este momento vivo en un edificio de Alejandro Bustillo, el Palacio de los Gansos. Soy una fanática de la obra de Bustillo.
SD. Cómo relacionás esa arquitectura con la venida de tu familia?
AT. Me gusta mucho la arquitectura de 1920 a 1960, y dentro de eso soy una gran admiradora del trabajo de los argentinos. Alberto Churba, Clusellas, Mario Roberto Alvarez, hay muchos arquitectos argentinos que me encantan. Además porque pienso que cuando vinieron ellos, se encontraron con una Buenos Aires que era deslumbrante, sobre todo viniendo de una Europa diezmada por la guerra. También me interesan las artes decorativas aplicadas. Soy una apasionada de la joyería. Me gusta la joyería tradicional, me gustan las piedras, me encanta el oro, me gustan los cristales, ciertos registros de las porcelanas. Y en esa época de la que estamos hablando de la Argentina, es muy interesante apreciar lo que eran las elecciones para los interiores, los mármoles, las maderas, las composiciones de los parquets. Ese tipo de registros a mí me funciona como una caja donde yo puedo desarrollar otros lenguajes en mis elecciones pictóricas o en mi mobiliario que son igual de nobles pero quizás más minimalistas o sintéticas. Me gustan mucho las vistas, pero como soy del campo no soporto vivir muy alto, no me gusta perder la escala de las personas que puedo ver desde la ventana. Y tengo un departamento donde para mí cada ventana es un cuadro. Mi cocina es mi escena Hopper. Veo mi escena bucólica a lo Prilidiano desde mi living, pero siempre a esa escala, la altura de las copas de los árboles. Los pisos siempre son de madera. Necesito pisar madera o tierra, yo llego a casa y ando descalza. En la primera casa donde tuve galería hice una locura, porque me enamoré de unos tablones de un galpón inglés y era un delirio lo que costaban, ¡pero no pude vivir sin eso!, así que no puse otras cosas pero sentí que esa era mi sustentación. No me gustan nada las cortinas, tengo apenas unos black-out icroperforados. No me gustan las plantas en el interior pero sí amo las flores. Para mí no hay flores prohibidas, puedo abrazarme a un ramo de claveles y ponerlos redonditos en un frasco o tener violetas o ramitas. En mi casa, en todas partes hay flores. Esta es una buena costumbre que me puso mi mamá, que yo desde que nací siempre tuve mi florcita para dormir. Me gusta mucho el cuero, me encantan los sillones de cuero, que se van gastando, que son preciosos y que huelen rico, y que son agradables en invierno y en verano. Me gusta las veta de la madera, me parece sublime. En mi casa me gusta que haya mucha armonía, por eso es una casa despojada. No hay vajilla para recibir, todo lo que está, se usa todo el tiempo. Solo tengo unas tacitas de té de mi abuela en las que cuando me quedaba a dormir con ella, me servía el chocolate muy temprano antes de ir a misa para poder comulgar. Esas tacitas de porcelana color té con dos rositas, son mi lujito, tengo tres y la tengo a ella en las tacitas. No tengo cosas especiales, porque en mi casa yo recibo solamente a insatisquienes puedo recibir descalza. En mi casa no hago vida social, protocolo cero.
SD. Tenés muy disociadas tu vida personal y profesional?
AT. Yo soy una sola, pero mi casa es home, es hogar –dados mis orígenes soy muy poco anglófila pero esa palabra me revela mucho–. Me gusta mucho estar puertas adentro, para leer, para pensar. Compro flores todas las semanas, me encantan las muy buenas velas, como las de yptique. Que haya muy rico perfume, soy shopahólica de jabones. Me gustan mucho las sábanas blancas, tener mantitas de lana buena, de guanaco, de alpaca. No me gusta el polar, lo siento. Me gustan las toallas, que en realidad es poco ecológico porque deberíamos reducir muchísimo el consumo de abrasivos y demás. Soy cuidadosa de eso. Tengo la suerte que mi departamento es original, entonces yo busqué rendirle honores a eso. El piso es caldén, lo dejo, lo hidrolaqueo, no voy a poner roble. No tiré ni una pared, vienen estos fervores de cambiar la circulación de la casa, esa es una planta que pensó un gran arquitecto. Tengo la cocina original, todo es de una nobleza, no necesito ni el horno empotrado ni la ultra tecnología. Saqué los aires acondicionados, porque yo dije Seguro que con este señor tan sabio, no se necesita. Gran idea, ese departamento no los necesita, tiene unas paredes, una orientación perfecta y hay que aprender a bajar la persiana, eso es todo.
SD. Cómo son tus muebles?
AT. Tengo mi Le Corbusier, tengo una Saarinen original de la casa de Dino (su ex pareja) cuando era chico, una mesa baja de café divina de Alberto Churba, una lámpara de Achille Castiglioni original, tengo unas mesitas de Fundimetal que uso de mesas de luz que me gustan mucho. Esa es la línea de lo que tengo. Luminaria y muebles originales de fines de los 50.
SD. Recurrís a arquitectos cuando te mudás?
AT. No, tengo muchos amigos arquitectos. Conviví once años con Dino Bruzzone que es arquitecto y artista plástico y tenemos una visión absolutamente consustanciada. Soy muy amiga de Mariano Clusellas, de Christian O´Connor, de Roberta Lavarello, de Florencia Kumcher, y con todos ellos tengo estos diálogos. En lo que tiene que ver con interiores, revestimientos y demás, yo sé lo que quiero. Dudo muy poco. Te vuelvo a decir que no es un mérito: yo me paso la vida pensando en eso. Es la capacidad de elección. Por eso cuando Clemente empezó primer grado, había que escribirle en el cuaderno algo que uno le deseaba. Había que forrárselo y demás, esa tarea la hizo Dino, eligió el papel, las figuritas, lo hizo perfecto, somos un equipo. Y yo le escribí. Para mí el concepto fundamental y de lo que yo hablo siempre, es que él tiene una gran bendición, que es la posibilidad de educarse, y que si él aprende, va a ser libre y su compromiso va a ser ayudar a que otros se eduquen y sean libres. La educación en el sentido profundo del término, ayuda a despertar los sentidos y a apreciar. Esa es la única línea que yo bajo: sos un privilegiado. Yo no sé si la sensibilidad se puede despertar igual si uno tiene las necesidades básicas insatis fechas. Si tus papás son adictos al paco y vos estás en la calle, no sé si podés apreciar que el jacarandá está en flor.
SD. Tu gran novedad 2011 es el proyecto de Harper´s Bazaar, que me imagino debe ser un hito para vos. Contanos cómo se dio este desafío, y qué fue lo que más te atrajo de asumirlo.
AT. Viste como la gente del campo, que se levanta y trabaja? Esa es mi cultura. Yo nunca reflexioné mucho acerca de la vocación, y si en esto me iba bien o mal, esto tiene que ver con mi tradición española católica patagónica, que es todo un eje, ¿verdad? Yo nunca he buscado concientemente, siempre dije Vamos a honrar el compromiso, hacer lo mejor que uno puede. A mí me encanta comunicar, me gustan las personas, me gusta que las personas me cuenten cosas. Saber qué les pasa, cómo viven, eso es el fuego. Después uno comunica, comunica tendencias, moda, arte, ideología, otras cosas, el abanico se va abriendo. Yo estaba muy satisfecha con lo hecho hasta ahora. He trabajado mucho, he hecho muchos proyectos editoriales y otros relativos a la comunicación, ya sea desde la docencia como desde empresas. Mi último trabajo en Hérmès fue muy enriquecedor. Yo no estaba expectante, así que cuando surgió este proyecto me dio una gran ilusión, porque Bazaar tiene una historia riquísima, es una revista que tiene 145 años y la manera que tiene de entender la moda y lo que la moda replica y comunica, es dentro de la cultura. Entonces ese fue el eje que me resultó apasionante. El ejercicio para mí, en lo personal, es abrir mis propios registros. Y cuando yo te hablo de limpiar la mirada, el ejercicio no es radicalizarme en lo mío, es ser englobadora; y no es tolerar, es integrar. Entonces siempre me someto a pruebas de convivir con ciertas cuestiones, por lo menos a nivel estético, que me molesten. Obviamente un “disgusto” en parámetros lógicos, no podría tolerar una esvástica. Como yo no soy una artista, no soy una diseñadora y trabajo en la comunicación, justamente hilar fino en mis registros tiene que ser tener mirada limpia, no ser prejuiciosa, ampliar el espectro.
SD. Sos una persona culta, con mucha sustancia, y la moda está asociada a una cosa de mucha frivolidad. Te cuesta ensamblar esas dos partes?
AT. La moda acarrea un prejuicio fundacional que es la levedad. Es considerado un discurso banal. Pero es un discurso fundante y por otra parte hay muchas disciplinas que todavía están en deuda con la moda. La sociología, la psicología, las ciencias de la comunicación, la historia, no la han tomado todo lo seriamente que merece. Yo trabajo en pos de derribar ese prejuicio, me interesa la lectura de la moda desde lo cultural. Entiendo esta aparente ligereza que tiene, y entiendo que es una cuestión de oposiciones. Entonces yo no me siento incómoda, voy trabajando un guión personal. Hay ciertas cosas en el territorio de la moda que no hago. No me gusta criticar a las personas por su apariencia ni indumentaria ni física. Me parece una falta de respeto. No me gusta criticar los interiores de las casas donde habitan seres humanos por su disposición o sus elecciones, es su mundo, yo no tengo ningún derecho. Yo lo que busco es abrir el diálogo. Si las personas son felices con los acuerdos que han logrado, eso es maravilloso. Tengo queridísimos amigos en la moda, diseñadores, estilistas, periodistas. Admiro profundamente lo que hacen, de hecho yo me visto solamente con argentinos, el 80% de mi guardarropas son marcas y autores argentinos, desde los zapatos hasta los aros. La moda me resulta cada vez más interesante para desarrollarla y cada vez estoy más comprometida con trabajar lo inherente a la vida de las mujeres. El nosotras me interesa mucho. Tampoco sé si es un mérito, es autorreferencial.
SD. Saltemos a tu faceta como galerista. De cuándo data tu interés por las artes plásticas y cómo se dio el proceso de formar una galería?
AT. De siempre-siempre. El único no español en mi familia era mi abuelo materno, que había venido de Trieste, todavía Imperio austrohúngaro, donde se había formado en escultura y ebanistería. El fue un gran adorador de todo lo visual, tenía un amor por las maderas y estas cuestiones que yo heredé, y además era un apasionado de la lírica, escuchaba ópera todos los días de su vida, era figurante en el Colón porque era muy guapo, y mi mamá canta precioso, y pinta y dibuja y todo muy bien. No lo tengo como algo forzado, en mi casa se iba a Bellas Artes, al Museo de Arte Decorativo… Se iba. Se iba al Colón, se iba a San Telmo. Mis tías me llevaban a las galerías. Y después tuve amigos artistas desde muy chica. Me ocupé de estudiar, de aprender, compro cuadros desde chica también, visitaba a mis abuelos en Europa y me hacía toda la tournée de los museos. La galería surgió como una necesidad de Horacio Dabbah y mío, que somos muy amigos, de armar un espacio orientado a ejercer la comunicación y la gestión del arte contemporáneo argentino. Esto fue hace once años y ha sido un trabajo muy interesante, de mucho diálogo, muy satisfactorio y que se va reformulando todo el tiempo. Es un proyecto totalmente independiente y la escala que tiene es la que podemos sustentar.
SD. Pensando en una galería en términos de apoyo a proyectos de arte, muchas veces de artistas emergentes, qué tipo de obra te interesa que tu galería cobije y ayude a hacer crecer?
AT. Claramente nuestra galería busca que los artistas puedan sustentarse a partir del proyecto. Sabemos qué trabajamos y hasta dónde. Nosotros no trabajamos un mercado secundario a lo que exhibimos, ni un mercado de subastas, ni uno de artistas “históricos”. Los proyectos son soportes múltiples, también discursos múltiples, te podría decir que son artistas que llegan hasta una categoría de intermedios. Los puedo sustentar en la medida de nuestras posibilidades y allí entran a jugar mercado y sistema, al que no critico, porque mi actitud es siempre proactiva. Esto es un negocio privado, si fuera un museo público podría decir otra cosa.
SD. Lo que no quita desde el sector privado desde el que operás puedas reclamar determinadas políticas públicas.
AT. Sí, hay políticas como la Ley de mecenazgo, buena para algunas, mala para otros, se puede hablar del IVA, de la transparencia de las transacciones. Desde lo particular, en estos años el trabajo me ha resultado interesante y muy grato. Muy trabajoso por supuesto. Pero uno no puede obligar a una persona a que compre una obra de arte. Esto es una construcción cultural que se hace al respecto. Hasta que las personas decidan tener obras colgadas en sus casas o patrocinar artistas, hay que construir culturalmente un discurso que va mas allá del afán de posesión.
SD. Y en lo demás que hacés, trabajás en la construcción de esa cultura.
AT. ¡Yo estoy chocha, trabajo para eso! Nosotros tenemos una escala de galería donde hay un montón de cosas que podemos hacer y otras que no. Pero mi tentación es siempre mirar el vaso medio lleno. ¿Desde dónde trabajo las imágenes? Desde lo que comunican. ¿Cómo edito las imágenes? Con el mismo rigor con que edito las imágenes en la comunicación masiva. El lenguaje del arte es cifrado, uno tiene que entenderlo desde ese lugar y se requiere, además de sensibilidad, de una capacitación. Un último ejercicio, un juego. Hacemos tu estudio ideal. Tenés que poner: Un escritorio. Una mesa blanca, fácil de limpiar y muy neta. Una silla. La Saarinen. Una biblioteca. Me gustan las amuradas a la pared, muy simple, blanca, donde yo tenga mi orden aleatorio. Cuatro libros. La Biblia, en especial me encanta “El cantar de los cantares”, y los libros de Simone de Beauvoir que tengo desde mi infancia y que me ayudaron mucho a formarme: Memorias de una joven formal, La plenitud de la vida y El segundo sexo. Dos colores. Naranja y negro. Un par de obras de arte. Imposible decirte un par, las que tengo, lo que llevo a cada lugar que voy. Un sonido ambiente. Silencio. Y, en un maniquí, un outfit. Le podría una sola cosa: una cadena larga que tengo con un corazón de oro rojo. Lo que no tiene que faltar es ese registro, la simbología de lo que es un corazón.
SD. Mil gracias, A


One Response

  1. sofia plus says:

    muy buenas acabo de enterarme de tu blog y la verdad es que me parece estupendo no sabia de mas personas interesadas en estos temas, aqui tienes un nuevo lector que seguira visitandote semanalmente.

You must be logged in to post a comment.

© Revista D&D